Aprobar el diseño es el punto de no retorno más importante del proyecto. Después de ese sí, el equipo empieza a programar, y un cambio que hoy toma veinte minutos puede tomar medio día una vez maquetado. Vale la pena dedicarle una hora a la revisión, con una lista concreta en vez de una impresión general.
Antes de mirar: recupera el brief
El primer paso no es abrir la propuesta sino releer lo que pediste. La pregunta que ordena toda la revisión no es "¿me gusta?" sino "¿resuelve lo que acordamos?". Si el brief decía que el objetivo era recibir cotizaciones de empresas, la evaluación es si esta pantalla hace más probable esa cotización, no si el degradado del encabezado te parece elegante.
Lo que se evalúa en la primera pantalla
- ¿Se entiende qué haces en menos de cinco segundos? Muéstrale la pantalla a alguien ajeno al proyecto y pregúntale a qué se dedica esta empresa. Si duda, el mensaje no está.
- ¿Se entiende para quién es? Especialmente si atiendes solo a empresas, solo a una región o solo a un rubro. Filtrar bien ahorra consultas equivocadas.
- ¿La acción principal está visible sin bajar? El botón de cotizar, el teléfono, el formulario, lo que sea que definiste como objetivo.
- ¿Aparece dónde estás? En Chile mucha gente descarta un proveedor si no logra saber en qué ciudad opera.
Estructura y contenido
- ¿El orden de las secciones tiene sentido para quien no te conoce? La duda que resuelve cada sección debería aparecer en el orden en que surge.
- ¿Los textos son los definitivos o son de relleno? Un diseño se ve muy distinto con texto real. Si todavía hay relleno, pide ver al menos una sección con el contenido final antes de aprobar.
- ¿Los títulos dicen algo? "Soluciones integrales" no comunica nada; "Instalación y mantención de aire acondicionado para oficinas" sí.
- ¿Las fotos son propias o de banco? Si son de banco, pregúntate si transmiten lo mismo. En servicios en terreno la diferencia suele ser enorme.
- ¿Hay pruebas de que existes? Clientes, trabajos anteriores, años de experiencia, certificaciones. Es lo que convierte una visita en un contacto.
Navegación y móvil
- ¿El menú tiene siete opciones o menos? Más que eso obliga a leer en vez de reconocer.
- ¿Los nombres del menú son los que usaría un cliente? No los internos de tu empresa.
- ¿Viste la versión móvil? Si la propuesta solo muestra la pantalla de computador, pídela. Es donde llegan siete de cada diez visitas.
- ¿El teléfono se toca y llama? En móvil debería ser un enlace, no un texto.
- ¿Cuánto hay que bajar en el celular para llegar a lo importante? Lo que en pantalla ancha cabe en un vistazo, en móvil puede quedar a tres pantallas de distancia.
Detalles que se olvidan y cuestan
- ¿Está el logo en buena resolución? Un logo pixelado arruina una propuesta buena.
- ¿Los colores respetan el manual de marca, si es que existe uno y no se puede tocar?
- ¿El texto se lee? Gris claro sobre blanco se ve elegante en la presentación y se vuelve ilegible al sol, en un celular, para alguien de más de cincuenta.
- ¿Qué pasa con las secciones que no están diseñadas? Confirma que van a heredar el mismo estilo y pide ver al menos una interior.
- ¿Está el formulario que definiste, con los campos que necesitas y no más? Cada campo adicional baja la cantidad de envíos.
- ¿Hay pie de página con los datos legales? Razón social, dirección, teléfono, correo.
Las tres pruebas rápidas que valen por veinte revisiones
Si tienes poco tiempo, estas tres bastan para detectar la mayoría de los problemas graves.
La prueba del desconocido. Muéstrale la primera pantalla a alguien que no sepa nada de tu negocio, cinco segundos, y luego tápala. Pregúntale qué vende esta empresa y a quién. Si no puede responder, ningún detalle estético va a compensar eso.
La prueba del celular al sol. Abre la propuesta en tu teléfono y sal a la calle. Los contrastes bajos y las tipografías finas que se ven sofisticadas en un monitor de oficina desaparecen con luz natural. Buena parte de tus visitantes va a estar exactamente en esa situación.
La prueba del cliente apurado. Imagina a alguien que ya te conoce y solo quiere el teléfono o la dirección. Cuenta cuántos clics y cuánto scroll necesita. Si son más de dos clics, algo está mal ubicado: ese visitante es el más valioso y el que menos paciencia tiene.
Lo que no corresponde revisar en esta etapa
Para no gastar rondas en lo que no toca, conviene saber qué se revisa después. La velocidad de carga real no se puede medir en una propuesta estática, se mide con el sitio maquetado. Los errores de ortografía en textos que aún no son definitivos no vale la pena marcarlos. El comportamiento de los formularios, los correos de confirmación y la integración con pagos son de la etapa de programación. Y el posicionamiento en buscadores no se evalúa aquí: depende de contenido y estructura técnica, no de la propuesta visual.
Cómo entregar la aprobación
No apruebes por teléfono ni con un "ok" suelto. Manda un correo que diga qué estás aprobando —la propuesta de tal fecha, con tales pantallas— y qué queda pendiente de definir. Ese correo protege a ambas partes: a ti te fija lo acordado y al proveedor le confirma que puede avanzar sin riesgo de que le pidan volver atrás.
Si algo no te convence pero no sabes explicar por qué, no apruebes todavía. Compáralo con las referencias que entregaste al principio y busca cuál de esas cosas no está presente. Un buen proceso de diseño de sitios web incluye rondas de corrección justamente para esto, y usarlas es parte del trato, no una molestia.
¿Cuánto tiempo debería tomarme revisar?
Una hora concentrada basta para un sitio informativo. Lo que no funciona es revisar en cinco minutos entre reuniones, aprobar, y a la semana siguiente pedir cambios grandes porque recién lo miraste bien.
¿Conviene mostrárselo a otras personas antes de aprobar?
A dos o tres, y con una pregunta concreta: "¿a qué se dedica esta empresa?" o "¿dónde harías clic para pedir un presupuesto?". Lo que no ayuda es pedir opiniones abiertas a diez personas: vas a recibir diez gustos distintos y ninguno es tu cliente.
¿Puedo aprobar con observaciones menores?
Sí, y es lo más frecuente. Se aprueba la dirección y se listan los ajustes finos que se corrigen durante el maquetado. Deja esa lista por escrito para que ninguno se pierda en el camino.
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